“Síndrome del Dr. Strangelove” o esa pobre bloguera:

13 Nov

Sí, lo sé, queridos neurofreaks: He vuelto a poner en marcha mi materia gris¹ pero he tardado. Parece que lo que para otros es un año para mí es una semana. Comprendo que habrá quien ya no me pida que le riegue las plantas en vacaciones, y os lo agradezco, pero quiero aseguraros que al término de la lectura de este post comprenderéis el terrible mal que me ha aquejado, la desgracia que se cernió sobre vuestra bloguera extrañada. ¡Oh, queridos lectores! No pude publicar… contra mi voluntad. Sé que no lo creeréis pero he de intentar explicároslo, concededme el beneficio de la lectura:

Hace aproximadamente un año, tras el éxito del artículo sobre el cuerpo calloso, andaba yo superándome preparando el post más interesante del universo (me temo que ahora mismo no puedo recordarlo). Era una mañana corriente. Tecleaba con una cierta lentitud con la mano izquierda mientras en la derecha sostenía un café casi en combustión, cuando el café comenzó a temblar. Mi primer pensamiento fue que se acercaba el Tyrannosaurus Rex. Inmediatamente después pensé en el terremoto de Fantasía que devoraba dinosaurios (puede que mi memoria ande mezclando historias, no lo descarto). Lo tercero que vino a mi mente, tal vez más realista que lo anterior, fue la imagen de una televisión gigante y asesina acercándose a mi habitación, buscando venganza por la explotación extrema a la que visiblemente la he sometido. Pero no, obviamente, todo eso no habría tenido ninguna lógica. En ese preciso momento mi mano se sacudió y la taza entera de café cayó sobre mi desgraciado teclado. Sí, queridos lectores. – “¿Sí, qué?” – preguntáis. Veo que aún no os habéis enterado: Mi mano derecha volcó el café sin-mi-con-sen-ti-mien-to. Se había rebelado. ¡La mano había cobrado vida propia! Comenzó a teclear con fiereza sobre el teclado del portátil. Escribía cosas sin sentido como “bfjrueodmfkghj” o “teoría de la panspermia²”. ¡Mi mano estaba fuera de control!

El episodio parecía no tocar a su fin. Continuó largo tiempo escribiendo frases que me producían un horror inaudito, sobre Darwin y Lamarck³, sobre el darwinismo filonazi-capitalista y el lamarkismo de origen costro-punki, sobre el alma perdurable, sobre granjas de pollos, etc. Mi mano derecha se había convertido en una generadora automática de títulos aterradores con acento venezolano para Discovery Channel. Tenía que frenar la obscenidad que se había apoderado de mi extremidad predilecta. Tenía que retomar el control de mi músculo estriado³ y de mi bendito blog.

síndrome de la mano extraña

Mis momentos más duros.

Recluté un ejército de internautas dispuestos a navegar en la wiki hasta el fin del mundo. Tras una ardua búsqueda e innumerables desgracias- no hubo mueble ni lámpara que sobreviviera al periodo- encontré la respuesta. El mal que me aquejaba era real y se llamaba “Síndrome de la Mano Extraña” (Alien Hand Syndrome) o “Síndrome del Dr. Strangelove” (por el memorable personaje), y consiste exactamente en esto: una pérdida del control sobre los movimientos de una de las dos manos, a pesar de que ésta se sigue percibiendo como propia ya que los mecanismos propioceptivos (es decir, la sensibilidad) no se ve afectada. El problema: que la mano sigue teniendo un comportamiento inteligente, aunque totalmente ajeno. Dicho de otro modo, uno puede descubrir que su mano es, en realidad, un poco hijaputa y tiene objetivos propios que no siempre es fácil dilucidar o combatir. De hecho, se ha descrito una marcada tendencia de la mano extraña a oponerse con entrega a la otra mano.

Así, por ejemplo, uno puede despertarse por la mañana y colocarse un cigarrillo en los labios mientras la mano “alien” lo coge rabiosamente y lo lanza a tomar viento. Este mismo individuo podría levantarse y vestirse y, mientras se está abrochando los botones de la camisa con una mano, la otra, la puñetera, los desabrocha y se queda tan a gusto. Si estuviera escribiendo en un papel, la otra mano procuraría poner el papel fuera de su alcance. La mano puede resultar como un niño juguetón un poco plasta. Parece ser que resulta efectivo tenerla entretenida con un objeto que manosear para que nos deje realizar actividades tranquilamente con la otra mano (“toma una galleta, niño”).

El motivo neurológico de este desorden reside en el córtex motor primario: se trata de la región de la corteza cerebral responsable de ejecutar las acciones, dando la orden para la contracción muscular, es decir, el movimiento. Este córtex primario se ve aislado del córtex pre-motor, el que envía las órdenes al primario una vez integrada toda la información de distintas regiones cerebrales. Es decir, el cortex pre-motor habla, pero el primario no escucha, se vuelve desobediente e incorregible. Se convierte en el teléfono escacharrado.

En azul, la corteza motora primaria. En amarillo, la corteza pre-motora.

Pero ¿por qué sucede algo así? La respuesta es algo intuitiva. Algún mecanismo de comunicación cerebral renquea o falla definitivamente, pero ¿cómo? ¿Por qué? A estas alturas de la película mi mano me metía el dedo en el ojo y me encontraba al borde de la muerte por desesperación. Busqué la respuesta y, claro, la encontré: Un cierto número de cirugías cerebrales pueden dar lugar a la separación de dos zonas habitualmente conectadas, pero en particular una de ellas es la responsable habitual de esta dolencia. ¿Lo adivinan? En efecto: la dichosa sección del cuerpo calloso en epilépticos graves. Entonces lo comprendí todo:

Tras la publicación del último artículo me sumergí en un centenar de vídeos de YouTube acerca del fenómeno descrito. Mi grado de obsesión creció de tal modo que, en un arranque científico de alguno de mis hemisferios cerebrales, somaticé el Síndrome de la Mano Extraña como algunos de esos pacientes a los que perseguía por la red. Ahora que por fin conozco la verdad, el síndrome ha desaparecido. La voluntad de mi mano extraña ha sido aplastada y sepultada bajo el peso magnífico de los datos.

¡Un brindis por las narcotizantes sobredosis de información! ¡Pongan una velita por esta bloguera y su mano derecha, y luego siéntanse estúpidos como sólo un supersticioso podría hacerlo!

Au bientôt! (más tôt que tard)

AQUÍ un artículo de la Inciclopedia sobre este síndrome. Tiene guasa.

CIENPIÉS DE PÁGINA:

¹ Zonas del Sistema Nervioso Central de color grisáceo que se corresponden con los somas neuronales (las regiones que contienen el núcleo de las neuronas) y dendritas (el “hilillo” que transporta el impulso nervioso) sin mielina, una sustancia que lo recubre.

² Teoría sin teoría sobre el origen de la vida, que dice que la vida vino de otro lugar del universo, pero no explica cómo surgió allí.

³ Por aquí sí que no paso… ¡id a Wikipedia, alcornoques!

³ Ahora de verdad: Existen tres tipos de músculo: El músculo liso, encargado de la contracción involuntaria, como la de las vísceras; el músculo cardiaco, que tan sólo se halla en el corazón y tiene unas características muy particulares debidas a su función, y el músculo estriado, responsable de la contracción voluntaria como la de las extremidades, incluida mi puñetera mano.

4 comentarios to ““Síndrome del Dr. Strangelove” o esa pobre bloguera:”

  1. pursewarden 14 noviembre 2010 a 9:16 am #

    Me imagino que no pudiste cortar el filete en una buen época.

    Me voy a comprar la Gaceta que hoy dan un documental sobre carlismo, el único movimiento con síndrome de la mano extraña.

  2. Guillermo Aguirre 14 noviembre 2010 a 1:36 pm #

    Esa es la mano que mece la cuna, del niño que no quieres tener.

  3. Lady Ramachandran 15 noviembre 2010 a 12:42 am #

    O lo padezco, o contrato a Rebecca de Mornay de niñera. Mi maléfico plan.

  4. Guillermo Aguirre 16 noviembre 2010 a 5:43 pm #

    El suicidio mi ventaja.

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